Los $ 400 millones que el gobernador, José Alperovich, saldrá a pedir en el mercado equivalen a medio Lomas de Tafí, a tres hospitales del Este y a otros tantos tramos de la ruta 38. Tres grandes obras que, en mayor o menos medida, al alperovichismo ya le insumieron ocho años de gestión y aún no se han finalizado. En otras palabras, la magnitud del volumen de dinero que el mandatario necesita conseguir da cuenta de que, sencillamente, Tucumán ha vuelto a ser una provincia pobre.

Si de algo presumió Alperovich en estos dos mandatos que ya cumplió es del orden en las cuentas públicas, de los presupuestos superavitarios y del desendeudamiento del Estado. Pero esa máxima del oficialismo se estrella definitivamente con la carta de pobreza que la Legislatura le firmará hoy al gobernador. ¿A qué apunta el Gobierno con esta autorización para tomar deuda privada? El pago de sueldos, aseguran, está garantizado. Sin embargo, hay alperovichistas que admiten que esos fondos serán necesarios para afrontar los dos medio aguinaldo de los estatales: el de julio, y el de diciembre. La planilla salarial del Estado ronda los $ 600 millones, y el aguinaldo completo poco más de $ 500 millones: es decir, para dentro de dos meses el Poder Ejecutivo necesita conseguir la mitad de esa masa de dinero. De ahí, explican, la urgencia oficial por tener los papeles listos y salir a golpear puertas.

"Nadie quiere volver al Tucumán de antes, en el que no se pagaban los sueldos…" es una de las muletillas favoritas que repite el gobernador desde que asumió, en 2003. ¿Qué pasó, entonces, para que la Provincia esté cerca de volver a ser esa de la que tanto reniega Alperovich? Lomas de Tafí, el Hospital del Este y la nueva ruta 38 se hicieron -en realidad, aún se están haciendo- con recursos nacionales. Y el grueso de las obras de pavimento y cordón cuneta -el fetiche de este Gobierno- se financian con el "Fondo Soja".

Todos al quincho

La carta de pobreza del oficialismo no es sólo económica, sino también política. Cada vez que Alperovich necesita sentir y hacer sentir que aún manda organiza un asado en su quincho. Esta noche será anfitrión de ministros y legisladores nacionales y provinciales por primera vez en 2012. Justo después de que su esposa, la senadora Beatriz Rojkés, se desbocara inexplicablemente, de que el bloque parlamentario mostrara fisuras internas y de que algunos referentes de su espacio reinstalaran públicamente la necesidad de la reforma constitucional.

El gobernador, hoy, es también un pobre político. O un político pobre. Porque por primera vez, la decisión sobre su futuro no es exclusividad suya. Alperovich -y los cientos de dirigentes con cargos públicos tienen fecha de vencimiento-, aunque sabe que los números le sobran para imponer otra reelección, está paralizado por la incertidumbre. Algunos forenses de las escenas de poder creen que el mandatario debe, primeramente, mirar lo que ocurra a nivel nacional: si Cristina Fernández va por otro mandato, nadie podrá mirarlo de reojo en caso de intentar lo propio. ¿Pero y si la Presidenta desecha esa chance? Los argumentos, entonces, se le acotarán. Y aunque en la Casa de Gobierno sostengan que el rojkesismo no existe, hay otro elemento de mayor intimidad a la hora de sopesar: su esposa ya se inscribió en la carrera para 2015. ¿Cómo tomará la presidenta provisional del Senado que su marido le trunque el sueño?

A juzgar por los acontecimientos, este precipitado 2012 amenaza con mostrarle que no todo será siempre cuando quiera, como quiera y porque quiera. Sencillamente, porque decidió exhibir una carta de pobreza.